Queridos polluelos:
Madison acaba de abrir la veda, ya estamos de nuevo cacareando. Muchas gracias sateluca.
Hace tiempo que no montamos un buen pollo y esta vez quiero recordar esa famosa frase: los hombres son de Venus, las mujeres de Marte, ¿o era al revés? No importa, la cuestión es cabrearlos.
En esta madrugada de luna a medio camino entre bonita y oscura, quería explicaros mi teoría sobre la razón fundamental por la que algunos hombres y mujeres viven en planetas distintos.
Ficcionemos o ficcionalicemos: son las doce de la noche y no tenéis nada que hacer, estáis tumbados en el sofá con vuestro pollo o polluela, después de practicar sexo salvaje,,, y él, amable pero un poco condescendiente, decide ponerte una peli de esas que a nosotras nos erizan hasta las plumas, una de niñas, de llorar, de amor, de “enga, bésala ya tronko”.
Esta noche he descubierto porque somos tan diferentes: mientras esa peli hortera avanzaba, secuencia a secuencia cada vez tenía más ganas de,,, beberme un cubata, y lo hice, me lo bebí y me puse otro, me fumé cuatro cigarros y al final, cuando él le dice que está enamorado de ella, yo estaba al borde de las lágrimas y casi rozando la mano de mi pollo para contraatacar, entonces descubro que está en la fase REM. Si, mujeres del satélite, se la suda, les importa tres cojones que él la quiera y que la bese, les da igual si a la protagonista le han roto el corazón o si suena en ese momento vuestra canción favorita, el pollo tiene sueño y se ha dormido; por supuesto, jamás ocurrirá lo mismo si su equipo juega la final de ¡loquesea! La liga, la copa, la champion, subir a segunda B o ese partidito entre viejas glorias, ¿y qué hacemos nosotras? Nos sobamos. Para derrotar el insomnio: poneros un partido de fútbol o de chapas, lo mismo da, os vais a quedar fritas, polluelas, y ellos, con los ojos abiertos como brótolas, llorarán emocionados al ver un montón de tíos abrazados porque un balón ha golpeado la red.
Esta es la realidad, asumidla, dejad de ver a Britges Jones como si fuera vuestro ídolo, no lloréis más por Marc Darcy, olvidaros de Lo que el Viento se Llevó cuando se quema Tara, si lo que queréis es enamorar a un pavo, digo a un pollo: compradle una entrada para ver la final de la copa del Rey, a él y a un colega, claro, no cometáis el error de acompañarle. Si seguís estas pautas, los tendréis rendidos a vuestras patas, camaradas del Zara. Si no les gusta el fútbol, NO PASA NADA: al cine a ver una trilogía de unos frikis que suben una montaña en busca de un anillo, o algo peor.
Sé de buena pluma, como que soy la gurú de los pollos, que mi Nidito tendrá varias objeciones y me acusará de demagoga, pero puedo asegurar que mi teoría es tan cierta como que hoy NO me he levantado a las 8 de la mañana para hacer flexiones.
Un pikito emocionado,
La gurú de los pollos, que regresa dispuesta a machacar a cualquier polluelo que pretenda llevarle la contraria.